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LaguNotas Mentales: 2026, ¡Corre y se va!

LaguNotas Mentales: 2026, ¡Corre y se va!

Por Daniel Tristán/Kriptón.mx

El año nuevo suele llegar con una lista invisible de exigencias: producir más, viajar más, ganar más, lograr más. Enero se presenta como un gerente entusiasta que te pide resultados desde el primer día, como si el simple hecho de cambiar de calendario implicara una versión mejorada de uno mismo. Yo arranqué este 2026 sin voz, con la garganta ardiendo y el cuerpo recordándome, sin pedir permiso, que no todo depende de la voluntad. Pasé los últimos días del 2025 enfermo, nada grave, una laringitis fuerte, de esas que no te llevan al hospital pero sí te obligan a detenerte. Y detenerse, a estas alturas de la vida, ya no es tan sencillo.

Cuando era más joven el cuerpo era un trámite. Podía enfermarme, desvelarme, abusar del café, del estrés, del alcohol o del descuido, y al día siguiente todo parecía resetearse como si nada. Hoy no. Hoy cada molestia prende una lucecita de alerta. Tal vez sea la edad, tal vez sea la experiencia, tal vez sea que uno empieza a entender que el cuerpo no es un accesorio sino el vehículo completo. Sin él no hay ideas, no hay trabajo, no hay viajes, no hay dinero, no hay planes. Sin salud no hay absolutamente nada, por más romántico o ambicioso que suene el discurso.

Pasar el año nuevo enfermo fue incómodo, pero también revelador. Me obligó a bajar el volumen del ruido externo y escuchar con atención algo que suele ignorarse: la fragilidad cotidiana. Esa que no sale en los propósitos escritos con plumón sobre una cartulina, pero que está ahí, sosteniendo o desmoronando todo lo demás. Mientras otros brindaban, yo pensaba en lo fácil que es dar por hecho lo esencial. Respirar sin dolor. Hablar sin esfuerzo. Dormir sin miedo a despertarse peor.

Y sin embargo, en medio de esa incomodidad, apareció algo más luminoso. La certeza de que la vida, incluso con sus sombras, sigue siendo profundamente bella. He aprendido, a veces a golpes, a disfrutar las cosas pequeñas: ver salir el sol, tomarme una taza de café caliente, despertar y ver a mis gatos pasearse por todo el departamento como si fueran los verdaderos dueños del lugar, salir a caminar sin rumbo. Afortunadamente, las cosas que más disfruto en la vida son gratis, y eso juega mucho a mi favor en un mundo que insiste en vendernos felicidad a plazos.

Este inicio de año no me senté a escribir una lista interminable de propósitos. No prometí convertirme en alguien distinto ni alcanzar versiones idealizadas de mí mismo. Lo único que pido para este 2026 es salud. Lo demás (el trabajo, los proyectos, los viajes, las ideas) corre por mi cuenta. Con salud hay margen de maniobra, hay resistencia, hay futuro. Sin ella, todo lo demás es un espejismo.

Tal vez hacerse viejo no sea otra cosa que aprender a cuidar lo importante. Y si este año trae algo bueno, ojalá sea eso: la lucidez de entender que no hay meta más urgente que seguir estando bien. Porque mientras el cuerpo acompañe, todavía hay mucho por hacer. Y mucho, también, por agradecer.

¡Feliz 2026!

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