HomeOPINIÓNEL SÉPTIMO DURO: Desenterrar oscuras prácticas políticas  

EL SÉPTIMO DURO: Desenterrar oscuras prácticas políticas  

EL SÉPTIMO DURO: Desenterrar oscuras prácticas políticas  

Por Lucas Lucatero/Kriptón.mx

Mientras que casi todo el país se ha alineado a una dinámica política similar al PRI, pero más renovada, con una leve inclinación, casi imperceptible, hacia el lado izquierdo de la balanza, ahora con un color guinda y diferente tipografía; en San Luis Potosí, cangrejilmente, caminamos hacia atrás: se retoman prácticas, se afianzan ejercicios de control social y electoral que pensábamos ya eran de la época de nuestros abuelos. Gallardo y Galindo (las dos G’s), han optado por el acarreamiento, la intimidación, el charrismo y el espectáculo barato para llenar sus mítines y, retóricamente, hacer creer a la población que nuestro estado va viento en popa con todas las pavimentaciones.
Coincido completamente con la postura de José Agustín en su libro “Tragicomedia mexicana”, donde menciona que la política, a veces, desde afuera se ve tan fácil que es la única explicación para que cada vez con más frecuencia nos encontremos figuras sin un ápice de sentido común.
En estos días recibí una mala nueva: el pasado día 9 de noviembre, llegó un mail a gran parte de la planilla docente con remitente de la rectoría de la Universidad Politécnica de San Luis Potosí, donde se les “conminaba” (por decir de una forma elegante) a acudir, al típico estilo del PRI de Miguel Alemán (porque hasta camioncito hubo para que se subieran y los llevaran al Estadio 20 de Noviembre), al LXXIX Congreso y Campeonato Nacional Charro. A groso modo, en el mail se les mencionaba que, de acudir, no correría riesgo un bono de asistencia, prestación docente; dicha situación incomodó a muchos profesores, pues en la cotidianeidad si un profe no acude a impartir su cátedra por motivos extraordinarios (muchos de estos hasta contemplados en la Ley Federal del Trabajo), como enfermedad, accidente, chequeo o cita médica, dicho apoye corre riesgo. Este pormenor preocupó y molestó a muchos maestros que ven la política como les he explicado en los dos primeros párrafos introductorios.

Esto, por un lado. Un conocido acudió a mí con la esperanza de que yo redactara algo en esta columna, espacio que tan gentilmente me presta el buen periodista Enrique Padrón. Este cuate, como todo proletario, salió de su chamba el sábado y se le ocurrió tomar el callejón de San Francisco para pasar a saludar a su bandita hipiosa y cortar camino para salir a Universidad y tomar su camión (otro tema: el transporte público del cual ya estoy preparando, por lo menos una crónica), y ya en el relax de la tarde sabatina, que se le ocurre echarse un pipazo de mota. Al cabo aquí puro grifindor, pensó el compa este. Cuando le salen, de improvisto, dos tiras en bici, de los que andan en el Centro Histórico. Después de hacerla mucho de emoción, lo treparon a una patrulla y lo fueron a remitir a un juzgado cívico hasta por Villa Magna. Después de estar llenando papeles, de una espera y retención de la libertad salió con la promesa forzada de prestar un servicio social obligatorio al día siguiente. Lo citaron al día siguiente, el domingo, en punto de las 8 am, atrás de la Central de Abastos, con la amenaza latente que, de no presentarse, lo podrían arrestar afuera de su chante en cualquier momento (el miedo, diría Noam Chomsky como estrategia legitimadora y monopolizadora de la violencia). Y también, después de hacerla mucho de emoción; estar conviviendo con desadaptados infractores igual que él, algunos por quemarles las patas al diablo, destapar una chela o echar pasión en plena vía pública: faltas administrativas que no son consideradas delitos graves; los subieron a un camión, de esos de la Policía Municipal y los llevaron a barrer calles a la colonia Torres de México. Mi compa estaba bien concentrado en su bisnes cuando repentinamente llegó Gallardo, entonces la persona al mando de los desadaptados les ordenó “párense ahí pa que hagan bulto” (como la leva en los tiempos de la Revolución). Me cuenta que Enrique Galindo llegó como Jonh F. Kennedy: rodeado de sus esbirros, pero que se sacó de onda porque empezó a ver niñas y niños weritos, de esos whitexicans cuya piel enclaustrada delata que no se asolean en las chambas que se avienta mi cuate. Eso lo sacó de onda.

Todo esto me lleva a pensar en esculcar en lo más recóndito de nuestra historia local para desempolvar viejas prácticas, aparentemente olvidadas o que, con el devenir de la tecnología y de la postmodernidad evolucionaron, se maquillaron o disfrazaron para no delatar su descaro: el acarreamiento, la amenaza-chantaje, el charrismo, los apoyos, como despensas (cada vez más raquíticas y chafas) y el circo barato vuelven a ser pan de cada día en la política local. No sólo eso, sino que, en medio de la ocupación diaria y del hartazgo ciudadano, de ese que se siente cuando ya un gobierno nos cayó gordo por su ineptitud, los futuros votantes (acuérdense que, para el gobierno, todo se resume en el sufragio en potencia) ya no están acudiendo a los eventos gubernamentales (incluso culturales). Eso fue lo que mis compitas me orillaron a reflexionar: los acuerdos entre actores políticos de altas esferas estatales (rectores de universidades, directores de instituciones, encargados de obra, arquitectos o ingenieros de las concesionarias que repavimentan la ciudad) en contubernio con las dos G’s (Gallardo y Galindo) reafirman, confirman la pobre, mediocre y conservadora ideología política de estos dos gobiernos sin pies ni cabeza en cada acto oficial.

La moda y la cultura como herramientas de manipulación política
Nada nuevo bajo el sol, en el hecho de que un régimen emplee varias estrategias para controlar o manipular a la población y para legitimarse. Acuérdense que Hugo Boss diseñaba glamurosos uniformes para los nazis y Siemens fabricaba los motores de los panzers y aviones que hicieron templar al mundo entero en la SGM.
Hace un par de meses uno de mis numerosos “amigos” en Facebook, creo que fue el célebre ensayista Braulio Peralta o Evodio Escalante, publicó que existe una tendencia de imitar la forma de vestir de la figura presidencial, enumeró varios ejemplos que se constatan en fotografías de esos años: durante el sexenio de Luis Echeverría muchos de sus lambiscones o de su gabinete usaban guayaberas, en el sexenio de Diaz Ordaz fueron el traje impecable y los lentes de armazón, tipo hípster, en el sexenio de Jolopo, las chamarras de cuero. Eso mismo ocurre en nuestro estado en forma de perrito. Hace unos meses, creo que fue septiembre o agosto, no paré de reír cuando vi el “informe” de gobierno de Ricardo Gallardo. Para su espectáculo mandó colocar una plataforma similar a la de las pasarelas de moda y de guayabera desfiló como todo un gran estadista; por lo que pude observar en el vídeo que me enviaron por WhatsApp, el lugar estaba plagado de sus seguidores, quienes probablemente piensan que al imitar a su gallo y también usar guayaberas se ganarán sus dadivas. Lo mismo me corrobora otro amigo que trabaja en una dependencia, que su jefe ha optado por playeras de estilo hipioso.
Pasando al otro tema: ya he mencionado que para Gallardo la cultura o su tema es inferior y se puede posponer. No así para Enrique Galindo, quien por su educación policial sabe, mejor que nadie, que mediante la cultura también se puede sondear, delatar (no sé por qué asocio a Galindo con el franquismo, ¿será por su Secretario de Cultura Municipal?) y adoctrinar. O por lo menos así lo dejó ver en este XVI Festival Internacional: Letras en San Luis. No me enfocaré ni en la curaduría ni en la Secretaría de Cultura Municipal; en cambio, sí en algo que me atrajo y que, hasta cierto punto confirma esta teoría expuesta: leo el programa, me percato de la presencia de un fervoroso detractor del Cabecita de Algodón, Héctor de Mauleón, a quién he seguido desde que tenía un programa en el canal Proyecto 40, luego vi que en un canal de Youtube, “Para leer en libertad”, compartir mesa con Paco Ignacio Taibo II y a mitad de la charla lo insultó alguien del público, además de que Mauleón ha sido públicamente señalado por Andrés Manuel por haber recibido chayote de sexenios anteriores…Ahora bien, es bueno preguntarnos o suponer, ¿qué doble mensaje o doble intención existe al invitar a una personalidad así? ¿Acaso la curaduría recibe instrucciones directas de quien contrata, en este caso, la Secult municipal y con ello se filtra la ideología política en la Cultura?

Hace mucho tiempo vi un documental de Canal 6 de Julio, “El hombre que quiso ser rey”, acerca de Carlos Salinas de Gortari. Y creo que es lo que pasa, estos dos personajes que gobiernan uno de los 10 estados más grandes de la nación, se creen reyecitos y hay que tener cuidado de sus desplantes; como ciudadanos, debemos estar muy atentos del cochinero que dejarán cuando su administración culmine (¿simplemente, ¿cuánto nos va a salir a los potosinos las Fenapos y sus artistas?).
Hasta aquí mi reporte, Joaquín…y no se tomen tan en serio estos comentarios que, al fin y al cabo, lo que menciono es mera especulación. Aquí les dejo el link de cuando un señor se enfurece por el desprecio con que Héctor de Mauleón muestra ante Benito Juárez y se la recuerda:

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eduardo.rodriguez@kripton.mx

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