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El riesgo climático redefine el negocio asegurador

El riesgo climático redefine el negocio asegurador

El riesgo climático deja de ser una variable secundaria para convertirse en un factor determinante de las estrategias de negocio de las aseguradoras.
La resiliencia climática emerge como una de las principales tendencias del sector, impulsada por avances en suscripción inteligente, infraestructura moderna de datos e inteligencia artificial.
Ciudad de México, 1 de agosto de 2026 — La resiliencia, climática y ante catástrofes, es una de las tendencias que marcarán el futuro del sector asegurador y las de mayor urgencia para las compañías de daños, de acuerdo con el informe “Principales tendencias en el sector de los seguros en 2026”, del Instituto de Investigación de Capgemini.

El cambio climático está obligando a las aseguradoras a replantear cómo evalúan, aseguran y gestionan el riesgo. Los modelos tradicionales, limitados por la disponibilidad de datos climáticos granulares y prospectivos, ya no reflejan adecuadamente la severidad creciente de los eventos climáticos ni la exposición derivada de la concentración urbana. Para 2050, el 70% de la población mundial vivirá en centros urbanos, concentrando personas, activos e infraestructura en zonas cada vez más vulnerables.

Esta tendencia resulta especialmente relevante para regiones como América Latina, donde fenómenos hidrometeorológicos más frecuentes e intensos están incrementando la presión sobre los modelos de evaluación de riesgos y la capacidad de respuesta del sector.

A este escenario se suma un entorno regulatorio cada vez más exigente en materia de análisis de escenarios y suficiencia de capital, así como condiciones de reaseguro más estrictas y mayores puntos de retención para riesgos secundarios.

“La resiliencia climática ya no es un diferenciador competitivo: es una condición de viabilidad para el negocio asegurador. Las compañías que logren traducir los datos climáticos en decisiones de suscripción en tiempo real estarán mejor posicionadas en el mercado de la próxima década”, señala Ricardo Acacio, Líder del sector de Seguros para Capgemini, región Norte de Latinoamérica.

A pesar de ello, muchas organizaciones mantienen procesos que limitan su capacidad de adaptación. El 56% de los suscriptores continúa apoyándose en guías estáticas, como documentos PDF y hojas de cálculo, para evaluar riesgos complejos. Adicionalmente, el 70% de las aseguradoras identifica la calidad e integridad de los datos como su principal desafío, mientras que el 72% considera que la integración con sistemas heredados representa una barrera importante para la innovación. La mitad de las compañías reconoce, además, estar rezagada en la modernización de esas plataformas.

Sin una infraestructura capaz de integrar y procesar información climática en tiempo real, la transición hacia modelos predictivos de riesgo se vuelve cada vez más difícil.

En este contexto, la inteligencia artificial generativa comienza a desempeñar un papel clave. El 49% de las aseguradoras ya la ha implementado total o parcialmente en distintas áreas de operación, y el 46% considera que sus mayores beneficios se concentran en la evaluación y perfilamiento de riesgos.

La resiliencia climática también está transformando la relación con los clientes. El 60% de los consumidores afirma estar dispuesto a compartir datos personales a cambio de coberturas adaptadas a su perfil de riesgo, una apertura que podría permitir el desarrollo de productos más precisos y esquemas de precios alineados con la exposición real de cada asegurado.

“La capacidad de incorporar datos climáticos en tiempo real será uno de los factores que definan qué aseguradoras podrán seguir creciendo de forma rentable en los próximos años y cuáles enfrentarán mayores desafíos para sostener su competitividad”, asegura Ricardo Acacio.

El informe destaca el caso de una aseguradora de daños en Estados Unidos que centralizó información de propiedades procedente de múltiples fuentes y la enriqueció con datos de terceros para habilitar análisis geoespaciales avanzados. El resultado fue una visión más precisa del riesgo de concentración asociado a eventos específicos como terremotos e incendios forestales, permitiendo identificar exposiciones no detectadas previamente con un valor de varios millones de dólares.

Sin embargo, la transformación del negocio asegurador no ocurre en un vacío. Las compañías también deben responder a presiones inmediatas vinculadas con la inflación, las tasas de interés y el aumento en los costos de las reclamaciones. El desafío consiste en equilibrar esas demandas con las inversiones necesarias para fortalecer sus capacidades tecnológicas, de datos y evaluación de riesgos.

Las aseguradoras que logren avanzar en esa modernización, sin descuidar los resultados del ciclo actual, estarán mejor preparadas para mantener su rentabilidad, ampliar su participación en el mercado y responder a un entorno donde el riesgo climático se ha convertido en un componente estructural de la operación.

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