Sismos y continuidad de negocio: la preparación empresarial va más allá de reaccionar a la emergencia
La preparación ante un sismo no termina con la evacuación: las organizaciones deben anticipar cómo proteger a sus colaboradores, instalaciones, proveedores y capacidad para continuar operando.
En México, hablar de riesgo sísmico implica hablar de una realidad permanente. De acuerdo con las estadísticas del Servicio Sismológico Nacional (SSN), durante 2025 se registraron 39,983 sismos en el país. La institución precisa que el aumento en el número de eventos reportados durante los últimos años responde principalmente a la instalación de nuevas estaciones sismológicas y a una mejor cobertura del territorio, por lo que no necesariamente representa un incremento de la sismicidad.
Para Marsh, las empresas que enfrentan esta realidad tienen un desafío que va más allá de responder adecuadamente durante los minutos posteriores a una emergencia. Un sismo puede afectar simultáneamente instalaciones, colaboradores, servicios básicos, proveedores, cadenas de suministro y comunicaciones, convirtiendo un evento físico en una interrupción operativa con posibles repercusiones financieras y reputacionales.
Además, se trata de un fenómeno cuya ocurrencia no puede anticiparse con precisión. El Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred) señala que los sismos no se pueden predecir y destaca la importancia de las medidas preventivas y de autoprotección para reducir daños y pérdidas. Esta imposibilidad de anticipar cuándo ocurrirá un evento refuerza la necesidad de que las organizaciones desarrollen capacidades de preparación antes de una emergencia.
Los antecedentes permiten dimensionar el impacto potencial. El sismo de magnitud 7.1 del 19 de septiembre de 2017 afectó severamente distintas entidades del centro del país y evidenció cómo un evento de esta naturaleza puede trascender el daño físico para afectar actividades productivas, comerciales y de servicios.
Para las organizaciones, las consecuencias pueden extenderse a plantas de producción, establecimientos comerciales, oficinas, infraestructura, movilidad de los colaboradores y disponibilidad de servicios esenciales. También pueden surgir afectaciones indirectas cuando proveedores o terceros críticos dejan de operar, incluso si las instalaciones propias de una compañía no sufrieron daños.
La magnitud de un sismo, sin embargo, no determina por sí sola sus consecuencias para una organización. La ubicación y condiciones de sus instalaciones, la dependencia de servicios esenciales y proveedores, así como la preparación previa, pueden modificar significativamente su impacto.
Por ello, la gestión empresarial del riesgo sísmico debe ir más allá de contar con rutas de evacuación. Las organizaciones necesitan analizar qué procesos deben recuperarse primero, cuáles son sus principales dependencias y qué alternativas existen si una instalación, proveedor o servicio crítico deja de estar disponible.
