LA CRIBA:Las Sombras del Banco en la comunidad del Tanguarniz

Por Arturo Medellin Anaya/Kriptón.mx

Si me preguntaran qué me pareció, las Sombras del Banco, -Novela del potosino Jorge Nieto, y con prólogo del maestro Alejandro Licona, -diré que me gustó y la recomiendo, quizá lo que veamos como carencia, constituye un saludable cambio de tono, en el terreno de una literatura que se inventa todos los días.

Iban a dar las siete de la noche, la gente entraba y salía de las tiendas ese 29 de diciembre del 21, tercer año de la cuarta generación, felices en plena pandemia. Sonreían, cargaban bolsas y engordaban por la tragadera, iban y venían en medio de una fiesta que los llevaba y traía como niños en parque de diversiones. Las luces del tercer milenio iluminaban un mundo pletórico de esperanzas.

Al primero que vi fue a César y a los amigos comunes, pido permiso para evitar referencias directas, son muchos y muy corta la memoria. Ésta, desemboca en un nosotros imborrable. La comunidad se impone sobre los individuos. Yo Llegué pensando en lo que iba a decir en mi intervención, pero él me recibió con tal afecto que borró mis dudas paranoicas. Ahí estaban todos, en el mismo espacio, aunque en otra época, más triste quizá, pero menos oscura.

Martín estaba sentado en la caja atendiendo el negocio. Tras ella, la infinita chimenea y los anaqueles de la contra barra, los espejos y las botellas en el mundo fantasmagórico del alcohol. El banco, su bar, reforzaba su mito. Nos saludamos como siempre, un gran anfitrión y amigo, confirmó el aprecio mostrado por la palomilla, pregunté por Jorge y me indicaron la esquina donde nos sentábamos el Dr. Barbahan y yo y sentí que el espectáculo estaba listo y podía ser un éxito.

La embriagues manejaba los hilos de los contertulios, sin embargo, todos parecían haber llegado para el evento. Me fui saludando a todos en la barra, conocidos o no, porque para mí era un camino recorrido. Volví a recordar al Dr. Barbahan, pero al llegar con Jorge Nieto, todo se disipó dejando un presente lleno de realidad para disfrutar el momento.

Ahí estaba el autor esperando y yo llevaba mi ejemplar de la novela como otra puerta a los acontecimientos, él la había escrito hace 17 años y estaba cumpliendo un sueño. Esperábamos a Miguel López Loredo además del entrañable Chino Mazurka, Martin Ponce de Leon y a quien fungiría como conductora del evento.

El Banco estaba casi lleno, la gente contenta y expectante. Las escenas leídas en Las Sombras del Banco contaban otra época y otra visión contraria a mi optimismo, eso para mí resultó sugerente. Tal y como la cuenta Jorge, es unan novela triste, prejuiciosa y hasta macabra, pero mi realidad “bancaria” estuvo llena de entusiasmo e inteligencia, entre gente sensible, atormentada y sabia, por tanto, indemne.

Para abrir el programa un músico invitado comenzó con dos boleros que pusieron al respetable en la pura querencia provincia, ¡viva la identidad y el derecho personal a ser como a uno le dé la gana.

La gente seguía llegando. Luego de las presentaciones el primero en hablar fue Miguel López, lo hizo como amigo y editor e hizo hincapié en lo más importante: La nulidad con que algunas autoridades culturales conducen sus oficinas. La exacta caracterización hecha por López me daba la oportunidad de olvidarme del proceso de la edición y enfocar mi intervención en los aspectos de mi interés.

La influencia de la literatura dramática es evidente y en momentos pesada. Hay que tomar en cuenta que es una primera novela escrita por un autor de 35 años. Evoqué dos novelas mientras la leía, La Colmena de Cela y Modelo para Armar de Cortázar. El recuerdo de Bajo el Volcán fue inevitable.

En Las sombras del Banco la embriagues como recurso de la picaresca, construía una realidad donde lo potosino creaba una dolorosa parodia  que hoy se vive en el Banco, como experiencia única, o escenario.

Entre discurso y discurso se intercalaban los boleros, cuando terminé de hablar los asistentes fueron generosos. Jorge cerró el evento emocionado y contenido, con justeza y animo por contribuir a una literatura y por haber tenido la paciencia para esperar quince años para su presentación. Para mí, libros como Las Sombras del Banco aparecen siempre en el momento justo, es un libro que se deja leer, y nos muestra una realidad que necesitamos ver, para modificarla, no la de la fiesta o la camaradería alcohólica, sino los demonios que traemos dentro.

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