EL SÉPTIMO DURO: Burning o el fuego de la violencia y el amor

Por Lucas Lucatero/Kriptón.mx

Mi hermano es, quizá, una de las personas que me rodean que más sabe de cine (bueno, también el Vírus, quien vende o vendía películas en CD en el pasillo que conectaba al Circuito Escolar con la Facultad de Filosofía y Letras en la UNAM, y que espero se encuentre bien), Así, mi carnal, hace meses me recomendó Burning, que en ese entonces estaba en Netflix. Vi hasta la mitad y cuando me disponía a terminarla, como por arte de magia desapareció de la plataforma (¿qué le está pasando a Netflix? Ya no es lo que era antes). Posteriormente, me rolaron una página en un grupo de feis, “Películas de culto”, quienes me ayudaron a encontrarla. Los recomiendo ampliamente para acceder a cine “de culto”; su página aparece como “Medios Digitales GK” (https://www.facebook.com/MediosDigitalesGK/) y le ayudan a encontrar, prácticamente, cualquier película.
A decir de algunos, con esta película, rodada tan sólo dos años antes de la pandemia (2018), Corea del Sur entra a escena mundial y le prepara el terreno a Parasites. Pero no, ya desde la llamada “Trilogía de la venganza” del director Park Chan-wook (o quizá mucho antes para quienes sean estudiosos del cine coreano). Ya se vislumbra un cine que reta al espectador para que éste complemente el sentido y la significancia de la historia y con ello de la película. Un cine superior al holliwoodense actual, por lo menos en sus postulados narratológicos, lo que lleva al receptor a especular que se ha sentido, sino usado, por lo menos engañado, lúdicamente hablando (como cuando en un juego uno de los participantes es “chanceado”). Esto ya es visible en la trilogía que les digo, recuerdo haber visto Old boy (película que recomiendo enormemente) y el sentimiento de impresión y ser timado se combinan.
Con una fotografía portentosa, espectacular, se nos muestra una historia de estructura clásica con protagonistas (Shin-Heami y Lee Jong-su) vs. antagonistas (Ben) en la cual hay constantes pistas falsas, imbricaciones y enigmas, con una diégesis que pareciera, de entrada, lineal y normal.
Todo comienza cuando el personaje Le Jong, un aspirante a escritor que para no morir de hambre trabaja como repartidor de comida (una especie de DidiFoods), se reencuentra con una amiga de la infancia, Shin Haemi (una muchacha excéntrica y hermosa) y nace un extraño romance entre ambos; ella le pide que cuide a su gato (he aquí la primera puerta falsa, distractora, pues el espectador siempre tendrá la duda si dicho michi existió o no) mientras viaja a África por motivos turísticos y aparece un tercero: Ben. La irrupción de este personaje antagonista será fundamental y detonará toda la trama. A partir del retorno de Shin-Haemi a Corea del Sur junto con su nuevo “amigo” se revela un aspecto cultural muy potente que nos permite comprender, como simples contempladores, parte de la cultura surcoreana, completamente ajena a la nuestra y justo situada en la otra parte del mundo: la diferencia y polarización de clases, siendo un factor que no determina, pero sí impacta. Un clasismo que va desde el modelo del automóvil, las amistades, hasta la comida que ingieren cierto tipo de estratos sociales. Siguiendo el hilo de la trama, el receptor deberá estar muy atento con esta película, pues son numerosas las distracciones que emplea tanto el director, como el guionista (recuerdo a mi profe Rodolfo Palma de clase de Guion que nos comentaba que un buen metraje es la combinación de estas dos: buen guion, dirección y una buena interpretación del actor).
Con constantes referencias a la literatura, este filme revela, una vez más, la combinación alquímica de ambas artes. Por ejemplo, como todo escritor a punto de la frustración, Le Jong es asiduo lector de William Faulkner, o en una de las reuniones socialité de Ben, Le Jong hace alusión a la problemática y crítica que se hace en El gran Gatsby, de Scott Fitzgerald, de la burguesía esnobista.
Por último, estoy seguro que, si la ven, al final, se quedará con un sabor de simpleza, desilusión, desesperanza, pero sin tomar toda la serie de recursos que se emplearon antes, como la fotografía, la banda sonora, el simbolismo oriental, la historia con diferentes puntos de bifurcación.
¡Espero, vean de esta joya y hasta la próxima!

 

 

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