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Reflexiones – cenando en Navidad.

Reflexiones – cenando en Navidad.

La Navidad reúne a las familias para celebrar lo que para muchos es una de las fiestas religiosas más importantes: el nacimiento de Jesús. Otros se reúnen meramente en un ambiente festivo que, contagiado por el furor de lo comercial, nos invita a regalar y compartir momentos con los amigos, los compañeros de trabajo y aquellas personas que resultan cercanas en nuestra vida. La Navidad es música, son luces, son colores; el “espíritu navideño” nos invita a ser generosos y a pensar en los demás, y sin duda, uno de los grandes aspectos de estas celebraciones tiene que ver con la tradición gastronómica.

La comida no deja de ser protagonista en esta temporada. Son muchos los platillos alrededor del mundo que brillan con intensidad de estrellas en estas fiestas; en México serán los romeritos, el bacalao, el pavo y las tortas de recalentado al día siguiente, el ponche –indispensable durante las posadas–, incluso con su debida dosis de picardía muy mexicana añadiendo el “piquete”, los buñuelos, el chocolate, etcétera. Cada país encuentra en estas fechas un platillo que lo identifica.

A pesar de la importancia de los platillos tan especiales que se disfrutan en estas fiestas, la gastronomía nos lleva a una reflexión más allá del disfrute de la comida, la cocina nos invita a encontrarnos con los demás; se trata precisamente de reconocernos en los demás y esto puede darse en distintos grados.

El primer lugar, nos invita a reconocernos a nosotros mismos como personas únicas y valiosas; nos confronta con nuestra propia humanidad y con nuestra propia dignidad. Muchas de las personas que pasan estas fiestas en soledad, se preparan para sí mismos una cena especial, “se dan un gusto”, esto no es un hecho menor porque forma parte de nuestra propia naturaleza. Una lección que sin duda debemos tomar en cuenta; en un mundo que nos invita a tomar como ejemplo modelos incluso inalcanzables en aras de un vano consumismo, debemos entender que el valor más importante a conseguir en nuestra vida es el que se encuentra en nuestro interior, en aquello que somos verdaderamente, que nos hace valiosos únicos e irrepetibles.

En segundo lugar, nuestro ámbito familiar. Es un momento de encontrarnos con nuestro círculo más íntimo, con sus virtudes y defectos y ¿cuántas anécdotas no tenemos alrededor de la mesa en la cena de Navidad? momentos para el recuerdo y momentos también para el olvido, pero es en la familia, en ese grupo central de la sociedad donde nuestra humanidad florece de forma más espontánea, el núcleo familiar es, en palabras del Papa Francisco, donde se aprende a perdonar, donde se aprende a compartir. Durante la cena de Navidad se demuestra el amor, la tolerancia, el respeto, se come y se bebe en una de las formas más puras de encuentro entre personas.

En tercer lugar –en las posadas, por ejemplo–, nos reconocemos dentro del ámbito de nuestros amigos y nuestros compañeros de trabajo. Somos personas que conviven en una sociedad en la que los amigos deben ser balance y contrapeso, la fiesta y la alegría, tan típicos de nuestra cultura mexicana son esenciales para la persona humana; las relaciones sociales deben encontrar su espacio para florecer pues llevan al equilibrio nuestra vida.
Tan importante es nuestro espacio individual, como nuestra familia y como nuestros amigos y las fiestas navideñas nos lo recuerdan desde el calor de un ponche en las posadas hasta el recalentado del día de Navidad.

Finalmente, la navidad nos lleva también a otro ámbito muy importante y necesario en la vida de cada persona, el de la generosidad. Reconocernos en los demás tiene un efecto de confrontación de nuestra realidad con la del otro, nos permite reconocer una vulnerabilidad mutua. Nos recuerda lo que tenemos y lo contrasta con quienes no lo tienen. No olvidemos compartir el pan con aquellos que no lo tienen, un regalo, una despensa, una propina más generosa en algún restaurante durante nuestras tantas comidas de estos días, todo cuenta. Alimentar el alma con la generosidad a la que nos invita esta temporada, nutrirá más nuestro corazón llevándonos a ser mejores personas, algo tan necesario en nuestra sociedad moderna.

¡Feliz Navidad, próspero año nuevo y mi gratitud para aquellos que se toman el tiempo de leer estas líneas cada mes!

Credito: Luis Javier Álvarez Alfeirán

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