San Luis Potosí SLP México, enero 17, 2018

LaguNotas Mentales: Ni Adal Ramones, ni Dóriga, ni la Chilindrina

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Por Daniel Tristán/Kriptón.mx

El 2016 se encarrila a la recta final y está por cumplirse un año del apagón analógico que marcó un antes y un después en la televisión de nuestro país. La tan cantada “señal digital” nos pisó los talones y finalmente terminó alcanzándonos. Aún recuerdo ese último segundo de señal en mi pantalla, media noche en punto seguida de una pantalla que, importándole dos madres, se fue a negros. Luego solo el silencio, de ese abrumador… del que aturde (véase mi LaguNota Mental de diciembre del 2015).
Este año se fue a la coladera con todo y sus Olímpicos de Brasil, sus lords y ladies de fama youtubera efímera, sus Juan Gabrieles difuntos y sus “renuncia ya” que a EPN le siguen valiendo pa’puros cheetos.
Es hasta ahora que el año está terminando cuando me doy cuenta lo mucho que he durado sin encender la TV. He de confesar, mi querido lector, que por muchos años fui adicto a la televisión. Lo peculiar de mi caso es que mi adicción no estaba enfocada en los contenidos de la tan satanizada “caja idiota”. El gancho que me mantenía atado al aparato era su murmullo que da la sensación de estar acompañado. Así como la anciana se aferra a sus gatos o la solterona recurre a su cotorro como única ventana de salida a su silencio y recurre a este como anestesia para la pesada lápida de su soledad.
Acompañaba cualquier actividad (productiva o no) de mi día a día, con ese sonoro y confortable colchón de compañía y calidez que me ofrecía mi TV.
Jamás advertí mi dependencia a la compañía de la televisión hasta que llegó el apagón analógico. Anteriormente había decidido dejar de pagar televisión por cable. Al llegar el apagón decidí tampoco acceder a la señal digital y sin darme cuenta corté de raíz mi dependencia televisiva.
En mi vida he intentado dejar de lado muchos vicios y malos hábitos, no siempre con éxito. Múltiples recaídas en mis inútiles esfuerzos por dejar de beber cerveza, mil fracasos en mis propósitos por dormir más de tres horas al día (siempre por la estúpida creencia de que si duermo temprano y despierto tarde me perderé de algo importante), y de los demás mejor ni hablamos.
Si hoy festejo mi primer aniversario sin televisión no es porque esto me convierta en un ser intelectual superior a mis semejantes. A final de cuentas es cada vez menos gente la que ve TV. El televidente ahora tiene el control de los contenidos que desea ver, pónganle nombre al verdugo: Netflix, YouTube, whatever. Lo que es digno de festejo para mí es que por primera vez en la vida dejo un vicio sin que me de la garrotera, sin síndromes de abstinencia que me hagan sudar la gota gorda.
Hoy me encamino al glorioso sendero libre de cápsulas ultra plus de triple acción en los detergentes, libre de burbujas más duraderas en mi agua mineral, libre de extra sensibilidad en los condones, libre de mujeres de retaguardia generosa haciendo colofox. Ya no reconozco a ningún conductor de Telehit ni sé en qué temporada de “La Voz México” van. Hoy estoy a punto de cumplir un año sin encender la televisión y eso hay que celebrarlo con una cerveza… ¿o dos?

Acerca de Daniel Tristán

Estudio licenciado en Ciencias de la Comunicación en la UASLP, también Creación Literaria en el CEART, además de estudiar música en la Academia Yamaha, de donde actualmente es profesor de bateria. Ha escrito en Librevía, Punto Muerto, Fusión Altarnativa y desde hace 5 años es integrante del grupo Shamanes, como responsable de la bateria.

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