San Luis Potosí SLP México, enero 17, 2018

LaguNotas Mentales: Almas allá, al más allá

Por Daniel Tristán/Kriptón.mx

Publiqué por primera vez esta columna en las páginas de Kriptón en octubre del 2015. LaguNotas Mentales representó para mi un espacio en el que, por primera vez, decidí mostrar públicamente lo que escribía. Quien me conoce bien sabe que soy una persona extremada reservada que se limita a hablar solo cuando es estrictamente necesario. De igual manera pasé años guardando para mi lo que escribía. Hace ya dos años que me di cuenta de que escribir y dejar los textos encajonados era como hablarle a la pared, entendí que siempre es importante crear un vínculo de retroalimentación entre el escritor y el lector. Llegué a Kriptón por recomendación de Alejandro Gallegos, un buen amigo con larga trayectoria en prensa escrita, quien me ayudó para entrevistarme con Quique Padrón, director de Kriptón. Desde aquella reunión con Quique en el “Bocolito” (¿puede haber un mejor lugar para una entrevista que el Bocolito? No, simplemente no) se me dio carta abierta para hacer y deshacer sin ningún tipo de censura dentro del espacio que LaguNotas Mentales me permitía.

He pasado los últimos 6 meses trabajando en un proyecto personal llamado “Almas allá, al más allá”. Se trata de una recopilación de cuentos cortos escritos bajo una misma temática: el binomio de cuerpo y alma y la convivencia que estas partes tienen desde el momento del nacimiento hasta el de la muerte. Los textos funcionan como una especie de diálogo permanente entre el cuerpo y el alma. Las partes del binomio mencionado son entes completamente dependientes el uno del otro. Juntos coexisten en esta vida y comparten experiencias, vivencias y procesos sentimentales, psicológicos, físicos y escatológicos. Al final basta con que una de las dos partes (alma o cuerpo) decida abandonar la sociedad que tienen entre ellos para que la experiencia de esta vida llegue a su fin.

Es probable que las temáticas que abordo en el proyecto incomoden a más de uno. Entre sus páginas van a encontrar el proceso de descomposición del cuerpo al morir, suicidio, envejecimiento, eutanasia, además de temas escatológicos que involucran todos los fluidos corporales que se les vengan a la mente. El proyecto ha pasado por varias etapas y talleres, incluidos algunos en el CEART y en la Casa Cultural Arteria Izquierda. Actualmente sigue en proceso de escritura y, si todo marcha bien, para el año entrante podré mostrárselos en su totalidad.

Hoy a casi dos años de haber comenzado con esta etapa en Kriptón quiero reiterar mi agradecimiento a Quique Padrón por permitirme, una vez más, hacer uso de este espacio para compartirles una pequeña probadita de este proyecto. Gracias por darme la oportunidad de escribir, pues jugarle al escritor en un país donde el grueso de la población no tiene el habito de la lectura no es cosa menor. Jugarle al escritor en México es como apostarle a ser Cheff en Somalia, simplemente absurdo.

                                 ALMAS ALLÁ, AL MÁS ALLÁ
                                                                                              CUERPO
“Estoy solo y no hay nadie en el espejo”.
J.L. Borges.

Yo que te habito entiendo que me has sido dado a préstamo. Conozco tu fragilidad que nos hace bailar en la cuerda floja en cada respiro y no permite pasos en falso. Eres un big bang en cámara lenta. Una vez que escuchaste la señal de salida comenzaste tu loca carrera y no vas a detenerte hasta que tu flama se extinga. Yo que te habito te agradezco darme morada. Tenemos un contrato firmado con tripas, nervios y sangre. Nuestra estancia en este mundo es un mutuo acuerdo, pues la vida es como el tango: para bailarlo hacen falta dos.

                                                                                              MOCOS

Estarás de acuerdo conmigo en que estornudar es un recurso de nuestra naturaleza por medio de la cual podemos eliminar la información inútil albergada en la memoria ¿verdad?  En un ejercicio de democracia tú y yo, cuerpo y alma, decidiremos lo que se queda y lo que se va.

El primer estornudo representó el más grande de los alivios. Salió expulsada a presión esa mucosidad cargada con datos de un montón de temas, igual que las tarjetas cuando jugábamos “Maratón”: geografía, historia, cine, deportes, entretenimiento.  Todo hecho bola en una mismo moco.

El viscoso proyectil salió disparado de mi nariz, viajó por el aire algunos metros y aterrizó sobre la alfombra de mi departamento. De color amarillento, textura espesa y tamaño generoso. Podría decir que contaba con cierto encanto y personalidad. Al igual que la orina, entre más oscuro es el color de un moco mayor es la cantidad de información que se lleva con él. Esa información que se va ya no vuelve, como las neuronas que nos matamos en una buena noche de peda. Este moco se llevó consigo un puñado de datos que más bien ya estorbaban en mi cerebro.

Si echas un vistazo a detalle vas a notar que en ese moco se fueron también todos los episodios de la serie “Dinosaurios”, el capítulo final de “El Príncipe del Rap” y los nombres de los “Power Rangers”, hasta del blanco… ¿había uno blanco? Menos mal que los nombres de las Tortugas Ninja están resguardados bajo candado en la memoria, pues la mente es caprichosa y selectiva. Sus nombres no corren peligro. Si se me olvidan mejor aquí la dejamos, me muero.

Mira ahí , justo en el centro, en la parte más amarilla y espesa, están nuestros primeros 10 cumpleaños. Ya no necesito recordarlos ¿tú si? Yo creo que no, para eso existen las fotos. También salieron expulsadas las letras de muchas canciones de Cri Cri, el recuerdo de cuando nos hicimos pipí en el lobby del hotel de Cancún y el número telefónico de la casa del abuelo. Ni hablar, se fueron también algunos conceptos clave aprendidos con Plaza Sésamo. Arriba, abajo, alrededor. A lo mejor por eso nuestra dislexia. Es necesario depurar. Tanta información ya no cabe, aprieta dentro de la cabeza, estorba y confunde.

¿Crees tú que el moco se lleva algo de materia gris consigo? Yo creo que si, pues tal es la violencia del estornudo y la cercanía del cerebro a la nariz que no dudo que un poco de masa encefálica se desprenda y se marche con el. En aquél estornudo se escaparon la mayoría de los conocimientos de la primaria. El moco se llevó consigo recuerdos de la infancia, los días de la semana en inglés y el último rastro que quedaba en mi memoria de la cara de Brenda, la novia que tuvimos en el kínder. Porque a esa edad si tienes el valor de acercarte a una niña y decirle “hola” ya cuenta como novia. Obvio te acuerdas ¿no?

Ya viene el segundo estornudo, la picazón en la fosa nasal derecha lo anuncia. Con los ojos cerrados, y en la cara una mueca como de dolor sale a presión el estornudo acompañado de un nuevo moco, este mucho muy diferente al primero. Esta vez la sensación fue seca y áspera, totalmente opuesta al anterior estornudo. El moco en esta ocasión era de consistencia sólida y color obscuro. Al salir disparado de mi fosa nasal lastimó mis cornetes, es por eso que estoy sangrando. Entre la tibiesa del líquido marrón iban un puñado de recuerdos más bien dolorosos, pero de igual forma inútiles. Los nombres y caras de todas las mascotas muertas se chorrearon por mi nariz, rodearon mis labios y se enfilaron a mi barbilla. Ahí se detuvieron, se negaban a irse, les costaba aceptar que ya no necesitaba recordarlos más.

La sangre no se detuvo, un nuevo torrente salió por mis fosas nasales llevando consigo escenas dolorosas que mi mente había bloqueado por años. Ahí van golpizas, funerales, nuestro catálogo de cicatrices, el accidente que tuvimos en la carretera a chihuahua. Se escurre por mi boca el divorcio de mis padres, el tono de voz de mi hermana cuando me llamó para avisarme que el abuelo había muerto justo cuando mi avión despegaba hacía Cozumel.

Un último torrente intenta salir pero lo detengo. Se va en reversa y al no encontrar otro camino escurre por mi tráquea dejando un sabor a centavo viejo en su camino. Este no se va, este tiene que quedarse. No quiero olvidar la última vez que vi el rostro de Fernanda, mi primer novia de verdad, antes de que cerraran su ataúd y se la llevaran para enterrarla por siempre. Duele, pero este no se va, este se queda aunque cale hondo. Este se queda porque yo lo digo.

Ahora con el cerebro desinflamado después de expulsar tanta información inservible ya podemos sentarnos para hacer un inventario de recuerdos y asegurarnos de que no había nada más allá adentro de lo que tengamos que deshacernos. Cierro los ojos, hago una minuciosa inspección y encuentro escondidos en los rincones de la memoria nuestros comerciales favoritos de Coca-Cola, las estadísticas de los mundiales de fútbol de 1994 al 2014. Se asoman juguetones los únicos dos chistes que sabemos memoria y todos los albures que aprendimos en la secundaria. Saben bien que deberían irse pero en un gesto apapachador creo que debemos permitirles quedarse, pues aunque son inútiles no representan obstáculo alguno para poder respirar con libertad. Cierro los ojos, inhalo. Estamos listos, ya tengo espacio para más. Salgo a absorber todo lo que más adelante los dos juntos decidiremos si es necesario olvidar

Acerca de Daniel Tristán

Estudio licenciado en Ciencias de la Comunicación en la UASLP, también Creación Literaria en el CEART, además de estudiar música en la Academia Yamaha, de donde actualmente es profesor de bateria. Ha escrito en Librevía, Punto Muerto, Fusión Altarnativa y desde hace 5 años es integrante del grupo Shamanes, como responsable de la bateria.

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