San Luis Potosí SLP México, octubre 23, 2017

LaguNotas Mentales: AbraCadáver

Por Daniel Tristán/Kriptón.mx
Estamos constantemente rodeados de cadáveres, tanto en el sentido literal como en el figurado. Cadáveres son las decenas de latas de chela vacías que se quedaron regadas en la sala y el comedor después de la fiesta de anoche. También lo son 11 muertos que se ponen la playera verde y cobran millones de pesos por salir en comerciales en todos lados y a todas horas, porque antes de jodido corrían tras el balón para hacerle a la mamada, pero ya ni eso. Cadáveres son también todos los establecimientos que fueron moda en algún momento y que ahora son terreno infértil. Los cyber cafés de los 2000’s, los Blockbuster, los lugares de alitas que surgieron hasta debajo de las piedras y que hoy ya no son novedad. El mismo peligro corren las barberías que hoy son el hit pero que ante la oferta excesiva terminarán por cavar su propia tumba. Afortunadamente los Modeloramas van por aquí y por allá pavoneándose con la tranquilidad que el no ser parte de una moda les otorga.
Y de los cadáveres en sentido literal ni hace falta hablar. Siempre vamos a encontrar en las páginas del periódico al muertito fresco del día. Baleado, colgado, filereado, o como usted guste y mande mi estimado lector. Pero fresco, entregado tempranito por la mañana para satisfacer nuestra hambre de carnes frías. Pero claro, por cada muerto que nos entreguen en las mañanas vamos a querer más, mucho más. Vamos a exigir más sangre, más sadismo y más imágenes explicitas de la cabeza que le arrancaron o las tripas que se le salieron al ex vivo, porque si diario nos dan al mismo muerto igual de aburrido pues la neta qué hueva.
Vivimos en tiempos difíciles en los que estar en medio de tanta muerte ha convertido a los cadáveres en algo cotidiano, en parte del paisaje. No nos dan tiempo de llorarle al ejecutado por el narco cuando ya nos enteramos de la violada y apuñalada en Juárez. La velocidad en la que viajan las noticias es vertiginosa y, por consecuencia, nuestro ritmo de vida lo es también. No hace falta mirar más allá de una década o quince años atrás (cuando mucho) para darnos cuenta de cómo ha cambiado la rapidez del flujo de información. Estoy seguro de que la mayoría de gente que está leyendo esto vivió, desde diferentes ángulos y ópticas, el atentado a las WTC de Nueva York en el 2001. Me tomaré unas líneas para compartirles mi experiencia personal.
Estaba yo en la secundaria, los celulares muy a huevo tenían acceso a un internet lentísimo en una pantalla pixeleada que tardaba horas en cargar cualquier tipo de información. La noticia sobre el atentado llegó a mi en boca del director de la escuela. Entró al salón, acompañado del sacerdote de la escuela (no pierdan su tiempo en bullearme por haber estado en escuelas católicas, es algo que ya superé hace mucho) y nos pidió ponernos de pie para hacer una oración por las vidas de las personas que estaban en las torres en el momento del desmadre. Háganme el cabrón favor. Del resto del despapaye me enteré por medio de la TV al llegar y ver a mi papá aún en pijama siguiendo segundo a segundo los detalles que iban surgiendo y valiéndole madre que fueran ya las 2:00 PM, cualquier pretexto es bueno para no ir a trabajar. En resumen digamos que me tomó algunas horas el proceso de enterarme de la noticia hasta saber todo el resto de la historia. Hoy bastan unos cuantos segundos para enterarnos del santo y seña de cualquier bombazo en Paris, en el metro de Madrid o cualquier atentado de algún chisqueado en Corea.
Vamos por la vida caminando entre viejos y nuevos cadáveres, a veces sin darnos cuenta de que pisoteamos sus cuerpos y otras veces sin darnos cuenta de que los muertos somos nosotros. Nos convertimos en el difunto cada vez que berreamos porque el gadget que salió ayer ya no será mas que un recuerdo obsoleto mañana y dejaremos de estar a la vanguardia, nos convertimos en difuntos cada vez que navegamos con la hija de puta bandera de “El que tranza no avanza”. Permitimos que el país se convierta en un terreno estéril, una república de pinches muertos. Lo peor de todos es que nadie nos avisa que ya nos cargó el payaso y seguimos deambulando por la vida como zombies con el cerebro hecho polvo, haciendo todo lo posible por chingar a cualquier pasadito de verga que pretenda hacerse el vivo, porque aquí o todos coludos o todos rabones, el que no está muerto no cabe.
Decidí alejarme de Facebook y no volver a el más que para lo estrictamente necesario: Compartir esta columna y ver videos de gatos. No nos hemos dado cuenta que colgamos los tenis también en el momento en el que permitimos que las redes sociales se apoderaran de nosotros y dejamos que sus raíces se nos enredaran hasta el cuello colándose en nuestro cráneo y arrancandonos lo poco que quedaba de cerebro. En los inicios nos tomábamos la molestia de expresar nuestras opiniones en nuestros muros con la famosa frase de Facebook para actualizar nuestro estado: ¿Qué estás pensando? De ahí pasamos a expresarnos por medio de memes, imágenes creadas por alguien más con un toque del ingenio de un tercero para nosotros solamente dar un click y dejar que otros hablen por nosotros. Muertos, huevones y  bien pero bien muertos. Cadáveres nefastos que desactivamos nuestros filtros de la realidad y usamos el botón de “compartir” de manera descarada e irresponsable permitiendo que noticias sin fundamento se rieguen por la red logrando que la cultura de pánico crezca y se descontrole.
Decidí alejarme de Facebook por los hackers, los haters pero sobre todo por todos aquéllos cadáveres que se empeñan en querer cambiar al país armados con la cámara de su celular,  quejándose de los Lords y las Ladies pero haciéndolos virales, compartiendo en la red todas sus quejas e inconformidades, denunciando hasta el más mínimo detalle en Facebook y siendo lo suficientemente huevones o cobardes para no denunciar esos mismos hechos pero ante las autoridades correspondientes. Estamos muertos, estamos jodidamente murtos. Y cosas peores están por venir, lo dicen los memes bíblicos.

Acerca de Daniel Tristán

Estudio licenciado en Ciencias de la Comunicación en la UASLP, también Creación Literaria en el CEART, además de estudiar música en la Academia Yamaha, de donde actualmente es profesor de bateria. Ha escrito en Librevía, Punto Muerto, Fusión Altarnativa y desde hace 5 años es integrante del grupo Shamanes, como responsable de la bateria.

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