San Luis Potosí SLP México, octubre 23, 2017

CRÓNICA: 19 de septiembre del 2017, 13:14 horas

  • El sismo de la CDMX narrado por Lidia Juache comunicadora potosina.

Por Lidia Juache

Gracias a Dios ya en casa. Fue a la 1:14 que me di cuenta de que ese extraño movimiento era un temblor. Más de 20 años yendo y viniendo a la CDMX y era la primera ocasión en la que me recibía con esa experiencia. Las red de celular y la energía eléctrica fue lo primero en colapsar, bueno… solo después de los nervios destrozados de algunos adultos mayores de cuarenta años que todavía sufren y padecen por el recuerdo del sismo del 85.
En menos de 2 horas comprendí algunas de las más extremas emociones del ser humano que vive en una ciudad tan única como la capital del país. Rostros de angustia, ríos de gente por avenidas y calles emblemáticas de la agitada, apresurada y caótica vida de la CDMX. Improvisados ciudadanos en labores de agentes viales, tratando de poner algún orden.
Sin pensarlo mucho, lo único que al bajar del autobús me ocupaba, era llegar a mi cita de trabajo en Insurgentes Sur. Abordé un taxi y comencé a tratar de alcanzar mi destino, el taxista, amable y platicador de 46 años, narró como vivió a sus 14 años el terremoto del mismo fatídico 19 de septiembre.
Por momentos dejé de ponerle atención, comencé a tomar conciencia de la dimensión del temblor que hacía unos minutos me había tocado sentir: por la ventana del taxi comencé a ver cientos de personas caminar en las avenidas intentando regresar… no se bien a donde y dudo que algunos lo supieran con certeza; rostros desencajados, asustados, llorosos, jovencitas, señoras, viejitos, niños con las mochilas y uniformes porque fue justo a la hora de la salida de las escuelas. No servía el metro, se suspendió el metrobus, el centro comercial de Buena Vista con un incendio al que los cuerpos de emergencia querían llegar a toda prisa, desconocidos dando raid a desconocidos en sus motos o en las camionetas con alguna capacidad, todo era útil, todo ayudaba.
Durante las primeras horas de la mañana los contenidos de las redes sociales mostraban lo mismo de siempre… los grupos de whats app intercambian memes cursis y a veces útiles de “buenos días” o mensajes con alguna expectativa por la agenda de la semana. Pero a la 1:15 todo cambió en esas nuevas tecnologías, tan humanizadas con este tipo de fenómenos naturales que se convierten en tragedias.
Y en las redes sociales de pronto el tono era otro, dejó de ser anodino, se volvió informativo, a ratos confuso, tremendista y a ratos inteligente y solidario, con mensajes concretos -a veces- y otros inexactos, pero casi todos bien intencionados.
Los potosinos que andábamos en la CDMX intentábamos tranquilizar a los que se habían quedado y describiendo en el whats todo lo que nos era –antes de hoy- desconocido, sorprendente, ajeno… pero que para los chilangos en SLP y para los que aquí siguen viviendo les es familiar: solidarios, amables, asustados… pero fuertes, siempre fuertes…
Con cierta prisa el taxista brincaba de una estación de radio a otra, todas daban cuenta de la confusión, del miedo, sin cifras, sin datos oficiales… poco a poco el panorama informativo parecía aclararse… pero también poco a poco comenzaban a circular mas y mas imágenes de la dimensión del temblor, helicópteros, sirenas de ambulancias, de patrullas, de bomberos… edificios dañados, fachadas colapsadas, fugas de gas, la tragedia del jardín de niños… esa era el tema entre desconocidos comiendo unas tortas afuera de la terminal del norte, platiqué con el tortero, con el mesero, un soldado, con una ama de casa, un vendedor, a todos le preguntaba algo distinto, como si con sus respuestas, mi susto pudiera diluirse, por fin compré un boleto de regreso a SLP y por fin regresó la señal del celular… el susto había pasado, pero el miedo a las replicas y al día después, ese apenas comenzó en la siempre fuerte CDMX … un abrazo y una oración…

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