San Luis Potosí SLP México, octubre 22, 2017

Cuatro platillos con sazón centenario

La memoria de una ciudad se puede narrar desde varios puntos de vista y seguramente la más deliciosa es a través de la gastronomía. Conoce el surgimiento de la torta ahogada, la carne en su jugo, el tequila, y la jericalla, alimentos que definen una parte importante de la identidad de los jaliscienses y que en algunos casos data desde la época colonial.

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Carne en su jugo

Su origen se remonta a mediados del siglo pasado; la creación se le adjudica a Roberto de La Torre, en 1958.

Santa Tere se ha convertido en el barrio icónico de la carne en su jugo, pues ahí se encuentran tres negocios que han colaborado en convertir dicho platillo en una tradición tapatía: Carnes de la Torre, considerado el pionero; Karne Garibaldi, quienes ostenta el récord Guinness del restaurante más veloz del mundo y Kamilos 33, a partir de 1975, el cual ha ido creciendo uniendo la mercadotecnia, la tradición y el estilo campirano.

Tequila, derecho

La bebida que caracteriza tanto a los tapatíos como a todos los mexicanos tiene su origen en dos versiones.

La primera se remonta al México prehispánico: un grupo de indígenas ticuilas, buscando refugio de una tormenta, vieron cuando un rayo partió un maguey, el fuego quemó la piña del agave del cual salió un líquido dulce que con los días cambió su sabor a uno más fuerte y placentero. Según el imaginario colectivo, a partir del descubrimiento, el tequila fue elaborado para consumir durante fiestas y rituales. Aunque, no existen pruebas de procesos de destilación del agave antes de la llegada de los españoles, ellos los introdujeron en Nueva Galicia, y ésta es la otra versión, más fiable. El marqués de Altamira, Pedro Sánchez de Tagle, fundó en 1600 la primera fábrica de tequila. Siglo y medio después, José Antonio Cuervo obtuvo la concesión para fabricar el destilado. Y en 1888 la fábrica “La Perseverancia” lo exportó. Gracias a la apertura del ferrocarril durante el porfiriato, se extendió el tequila como propio de la clase baja; sin embargo, fue gracias a la Época de Oro del Cine Mexicano que se revaloró y se convirtió en la bebida nacional por excelencia. En los años 70, México obtuvo la denominación de origen.

Torta, bien ahogada

Su origen se adjudica a dos diferentes historias que se pueden entrelazar entre sí.

La invención de este platillo se le adjudica a don Luis de la Torre, un jornalero que un día llegó a su casa con hambre y sólo encontró un trozo de pan, carnitas y salsas: “Se preparó una torta y la ahogó en salsa de chile;  también le puso salsa de jitomate”, relata Juan Estrada, quien prepara tortas desde hace 30 años. Señaló que fue de la Torre, quien le mostró el secreto de este platillo a Ignacio Saldaña, “El Güerito”, quien en los años 30 fue el primero en comercializar el platillo en forma; primero en un parque y después en un local, el cual está ubicado en el Centro de Guadalajara.

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Jericalla, quemadita

Este postre, si bien, no tiene una historia oficial sobre su origen, sí cuenta con algunas leyendas al respecto

El postre elaborado con leche, huevos, azúcar y fuego supuestamente nació en el Hospicio Cabañas y se remonta al siglo XIX, cuando monjas provenientes de Jérica (Castellón, España) preparaban este postre a los niños con la idea de ofrecerles un algo rico y a la vez sano. A partir de una receta francesa con ingredientes cambiados por la monja cocinera, horneó el resultado; olvidó sacarlo a tiempo por lo que la parte superior estaba quemada, pero con un sabor delicioso y único. El postre tuvo tanto éxito, que traspasó las paredes del hogar para recorrer las calles de Guadalajara y convertirse en el postre icónico tapatío.

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